Calendarios que hace ya un rato que dejaron de tener un sentido si no es el de ponerte.
Días que no lo son, que se rigen por la risa y la sonrisa o por la frecuencia cardíaca con la que me acuesto.
Fechas que de nada sirven si no es para compartir. O para encontrarte.
Y horas...siempre las horas. Las que quedan. Las que me sobran. Las que (te) faltan para poder besarte.
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