Cardiología no es lo mío. Me supera tener que leer tanto sobre algo que quiero mantener en silencio. Y sí, te he pronunciado más de lo que debería pero perdóname. Solo quería recordarte, necesito de vez en cuando pensarte en voz alta para dejar de imaginar que solo es un recuerdo. Te quiero. Te echo de menos, mucho. Y me duele decirlo y pensarlo. Y es la primera vez que lo hago público, pero debes saberlo, recuérdame tú también. Por favor.
Cada vez que veo a alguien con signos faciales similares me cruje el alma y un escalofrío más gélido que este aire siberiano me recorre la espalda, pero a la vez me late el corazón con fuerza por imaginarte con mi edad. Y tu sonrisa.
Pienso más de lo que crees en ti y me cuesta admitirlo y me hiere hacerlo, no creas. Pero nunca dejaré de hacerlo. Porque fuiste mi primera conexión especial, fuiste el primero en abrir mi mente y hacer que abriese mi yo interior delante de alguien. Lo mejor es que fue delante de ti. Eras tan grande y a la vez tan pequeño.
Enormemente pequeño.
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