24.8.11

ALMA



Nadie me preguntó nunca. No oí jamás: ¿De quién era la casa? Se generó un vacío en cuanto a eso. Ya desaparecieron las visitas y se evaporaron las amistades. No tendrá importancia supongo, quizás el hecho de que sea donde viven personas y dejaron de hacerlos otras no esté lo bastante relacionado como para que alguien se atreva a cuestionárselo. No pasa nada.

Nunca me quejé, solo reproché a mi propia boca, a mis palabras, a mi poder de convencimiento, nunca me perdonaré eso. Ni tantas otras cosas que sin quererlo me llevan a ti. Por mucho que me diga él no puedo recordar más lo bueno que lo malo, me repite constanmente ese momento, ese instante en el que se paró el mundo, se fue la luz y sonó la última música de esa caja infranqueable.

Ahora sé que lo llevé bien, que fue todo normal, pero minutos más tarde rodeo tres características de algo por lo que hubiese necesitado ayuda. ¿pero quién va a querer? Claro que no, te entiendo.

No puedo seguir más, me ahogo, aunque no lo suficiente. Aún sigo respirando. Y tú no.

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